1 de noviembre de 2009

Entre Valles y Cóndores

Decidirme a hacer el Camino Inca no fue nada fácil. En realidad la decisión estaba, y también las ganas, después de que muchos viajeros me dijeran que era algo que no debería dejar de hacer, pero mi dificultad para elegir era otra. Mi compañero de viaje no quería hacer lo mismo que yo, no quería caminar cuatro días por la montaña, sino que prefería llegar a Machu Picchu en tren. Esto significaba que deberíamos separarnos, al menos por un tiempo considerable. A esto lo veía como un abandono, como un acto egoísta, pero fue el mismo Marcelo quien con dos o tres palabras me simplifico las dudas. “No sabes si vas a volver acá, hacelo, no te quedes con las ganas, viajas por placer y no deberías obligarte a hacer algo que no quieras, y menos a dejar de hacer algo que queres…”

Con esas pocas palabras me convenció, me di cuenta de que no estaba “abandonando” al compañero, sino dejándolo ser, dejándolo construir su propio camino. De esta forma saque mi ticket para el Camino Inca, pero aun quedaba un detalle por solucionar… No había lugar en ningún grupo sino hasta dentro de seis días, por lo tanto el tema era: que hacer esos seis días. Allí fue cuando recordando lugares que había visto mientras preparaba mi itinerario, pensé en Arequipa y el Cañón del Colca. El tiempo me alcanzaba, y hasta me sobraba para a la vuelta pasar por Nazca y sobrevolar sus líneas. Así fue que esa misma noche tome un bus hacia la segunda ciudad mas poblada del Perú. AREQUIPAA la mañana siguiente amanecí en Arequipa, y ese mismo día partimos en un grupo de unas 10 personas hacia el Valle del Colca y su Cañón; serian dos días entre verdes paisajes del sur peruano. Luego de aproximadamente una hora, el bus ya alejado de la urbe arequipeña comenzaba a realizar su ascenso hacia el Mirador de los Andes a casi 5000 m.s.n.m. Los paisajes del valle comenzaban a hacerse notar, como así también el frío debido a la altura, altura que nos mezclaba entre las nubes dejándonos por momentos la visión prácticamente nula. Así llegamos a Chivay, un pequeño pueblo donde pasaríamos la noche.

Chivay esta rodeada de volcanes, por lo que de sus tierras emergen aguas termales, las cuales no fueron desaprovechadas por nosotros. A pesar de que hacia bastante frío, todos nos remojamos en sus piletas naturalmente climatizadas, para luego ir a cenar a un pequeño restaurante de comida típica, donde también disfrutamos de bailes folklóricos de la zona.

Luego de la cena, con dos chicas australianas decidimos ir a tomar algo a algún bar. Las calles del pueblo no tenían luces, y con linternas lo recorrimos casi completo para encontrar uno. Así cuando estábamos a punto de rendirnos leímos un pequeño letrero enfrente de la Iglesia: Mc Elroy’s. Entre unos piscos y varias contiendas de pool se paso la noche y cada uno volvió a su hotel. Nos esperaba un largo trayecto hasta alcanzar el Cañón del Colca.

Nos despertaron a las 5:00 am. y luego del desayuno comenzaba nuestro nuevo ascenso; ahora hacia la Cruz del Cóndor. Es en este tramo donde todo el esplendor del Valle del Colca se hace presente. Los infinitos tonos verdes fértiles de las terrazas de cultivo dan al paisaje una sensación de estar cubierto por un mantel escocés de dimensiones inmensurables. El río encajonado entre paredes traza líneas dignas de un Picasso y las montañas rocosas que rodean el valle hacen de muro divisorio entre el Colca y “lo demás”. Y digo “lo demás” porque el lugar es increíble, y por momentos hace olvidar que existe algo detrás de las montañas. El paisaje parece haber sido preparado, maquillado para que uno con su cámara de fotos se limite a disparar sin importar el encuadre.PAISAJE DEL COLCADe esta manera, casi sin darnos cuenta llegamos a la Cruz del Cóndor, el mirador mas elevado del Cañón del Colca. Desde ese punto son 1.200 mts. de profundidad hasta el agua y unos 2.200 mts. hasta el pico mas alto, lo que le da al cañón una altura total de 3.400 mts. convirtiéndolo en el más profundo del planeta. El vértigo que da mirar hacia el río es mucho y hasta se hace difícil divisar el agua a tanta profundidad. A lo lejos algunos cóndores se adueñan del paisaje y hacen de las paredes del cañón su propia casa. Así entre valles y cóndores pasaron mis dos días en el sudoeste peruano, mis primeros días viajando solo, mis primeros días de un nuevo viaje, dentro de un viaje.

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