17 de junio de 2010

Adrenalina

También llamada epinefrina en su sustitutivo sintético, es una hormona vasoactiva secretada en situaciones de alerta por las glándulas suprarrenales. Es una monoamina catecolamina, simpaticomimética derivada de los aminoácidos fenilalanina y tirosina. Suena a trabalenguas no? Pero cuantas veces hemos escuchado hablar de esta palabra sin siquiera llegar a entender demasiado que es, que hace y para que sirve? La verdad es que lo que menos me interesa es intentar dar una clase de medicina, pero este post es particularmente complicado de explicar en palabras y “adrenalina” es una de las pocas que se me ocurren; por eso mejor entender un poco de que se trata.PRIMER SALTO

Cuando me decidí a saltar en paracaídas fuera del miedo o la duda, estaba la incertidumbre de las sensaciones que esto traía consigo. Porque, cual es la pregunta que todo el mundo hace a alguien que realiza algún deporte extremo? “Que se siente?”. Y la verdad que mas difícil que saltar es explicarlo pero intentemos dar algunos detalles paso por paso. Llegas al lugar, te anotas y mientras esperas que te toque el turno, vas observando como otros valientes preparan sus arneses, suben a la avioneta la cual a los pocos minutos despega y en movimientos circulares asciende hasta lograr la altura deseada desde donde pequeños puntos negros caen como gotas hasta abrir sus paracaídas. Mientras esto sucede es que uno va intentando autoconvencerse de que si todos los anteriores saltaron sin problemas, entonces no es algo tan peligroso como parece. Hasta que llega tu turno; colocarse el arnés, una breve explicación de cómo comportarse en el salto y directo a la avioneta. Esta no posee butacas más que para el piloto y todos los paracaidistas van sentados en el piso, bastante apretados y con caras de susto. Luego de unos 20 minutos ascendiendo notamos que la aeronave baja mucho la velocidad y el instructor que esta más cerca de la puerta dice algo que no es lo más normal que podemos escuchar cuando estamos volando un avión; “voy a abrir la puerta”. Como va a abrir la puerta a 4000 mts de altura…? Esta loco…? Puede ser… pero a eso vinimos… a volar. Se abre la escotilla hacia arriba y un fuerte viento frío comienza a entrar por el orificio. Rápidamente acomodamos los pies sobre un pequeño estribo sobre el tren de aterrizaje y luego de una señal de OK ya estamos en el aire… volando…250 KM/H

La sensación es increíble, el primer instante cuando rompemos la inercia y quedamos completamente en manos de la gravedad cayendo como la manzana de Newton, sentimos un vacío por dentro y un cosquilleo en todo el cuerpo que no es más que la ya mencionada adrenalina. Es que ésta en respuesta a un estimulo provocado por el miedo o una situación de peligro, es segregada por la sangre donde a su vez aumenta la glucosa, por lo que este exceso de azúcar corriendo por las venas es lo que genera estas cosquillas que van desde los pies hasta la cabeza, sintiéndose con mayor fuerza en el centro del pecho. Pero la adrenalina en si no dura mucho y todas estas sensaciones cambian rápidamente cuando la caída logra su mayor velocidad (250 km/h) y los cuerpos se estabilizan boca abajo y de frente a la tierra. Allí la sensación de caída desaparece y comenzamos a sentir que estamos flotando gracias a una gran masa de aire que nos empuja hacia arriba. Pero esto no es cierto y luego de unos 20 o 30 segundos cayendo, un fuerte tirón nos coloca nuevamente en posición vertical, haciéndonos oler la punta de las zapatillas y dándonos la pauta de que nos estamos aproximando al suelo y que el paracaídas esta comenzando a abrirse. De ahí en más toda la velocidad desaparece y la adrenalina se transforma en placer y descanso. Lo que resta es el final del viaje; un suave descenso hacia la tierra, contemplándolo todo desde donde solo los pájaros son capaces de ver las cosas…

Así es un poquito volar…


6 de junio de 2010

Ventana Musical

Hay veces que la ciudad agobia, satura, desgasta y la música, siempre fiel compañera, suele tener la solución a muchas de las cosas de la vida. Uno puede sentirse abandonado, solo, triste, melancólico, y siempre habrá una canción que nos pueda levantar el ánimo y mostrarnos la vida de una manera diferente.

Tenía un poco perdido un disco compilado de reggae que por arte de magia apareció entre algunos papeles en la oficina. Sin darle demasiada importancia lo deje a un lado y unos días después decidí llevarlo conmigo mientras viajaba entre el loco transito porteño y alguna que otra manifestación hacia el centro de Buenos Aires. Bloqueado en la autopista por un accidente, comencé a despreocuparme por llegar tarde a mi destino y a disfrutar un poco mas de la música que estaba escuchando. Sonaba Nonpalidece y entre sus letras una frase quedo resonando en mi cabeza: “…si la ciudad te atrapa, te rodea, agradece tienes la montaña cerca…”, y valla si estaba atrapado. Esa simple frase en medio de una congestión y el agobio de la rutina me hizo en apenas una semana, viajar hacia Sierra de la Ventana, una localidad de no mas de 2000 habitantes, 556km al sur de la Ciudad de Buenos Aires.SIERRA DE LA VENTANA

Parece mentira pero la música influye mucho en la vida cotidiana… o al menos en la mía. Suelo buscar consejos y opiniones en ella, y hasta a veces sin darme cuenta puedo volverme masoquista escuchando temas que no hacen más que profundizar heridas ya abiertas. Así puedo taladrarme la cabeza con Sabina y sus desamores sin sentido; o porque no confundirme escuchando algunos temas de Almafuerte donde los consejos a ser uno mismo en “Se vos”, se vuelven contradictorios en las consecuencias de “Por ser yo”.

De esta manera la música me llevo al relax de las sierras y un pueblo pequeño que me dieron en apenas 3 días el descanso que necesitaba. Sierra de la Ventana posee los cerros mas altos de la provincia de Buenos Aires y tiene la particularidad de que entre su cordón montañoso se encuentre la denominada “Ventana”; una formación rocosa ahuecada que a 1.184 metros de altura forma un orificio de 9 metros de ancho por 11 m de alto.CERRO VENTANA

Protegida dentro del Parque Provincial Ernesto Torquinst, el ascenso a la Ventana debe ser bajo el permiso de los guardaparques, quienes no estaban del todo seguros de dejarme subir debido al frío y a algunas capas de hielo que se suponía podrían llegar a haber en los últimos metros del ascenso. De alguna manera los convencí y antes que se arrepientan de su decisión, ya me encontraba en pleno camino hacia la cima. Luego de aproximadamente una hora, entre los puntos 5 y 6 (el ascenso esta marcado por 10 puntos) venia bajando un guardaparques quien me informo que no se podía seguir debido al hielo y que debería bajar nuevamente. Eso me decepciono bastante ante lo cual le pedí que me dejase descansar un poco para luego comenzar el descenso. Pero mi obstinación pudo más y cuando el oficial desapareció entre algunas rocas, volví a emprender mi camino hacia la cima para alcanzarla unos 45 minutos mas tarde. Desde arriba los paisajes del Valle Ventana son increíbles, pero más increíble aun es la Ventana propiamente dicha. El orificio era mucho mas grande de lo que imaginaba y meterse dentro de él es algo que te genera mas de una duda ante el peligro que representa hacerlo. Al otro lado el precipicio es infinito y cualquier mínimo resbalón me llevaría sin dudas hasta el punto 1 en cuestión de segundos.VALLE VENTANA

Debía regresar rápido antes que el guardaparques se diera cuenta que era mucho tiempo el que se suponía estaba descansando, pero al llegar a la base todo era demasiado obvio y no me dejaron ir hasta luego de dar varias explicaciones, recibir mas de un regaño y pedir las disculpas pertinentes ante mi desobediencia.

Así en apenas tres días entre los cerros de un pueblo que parece dormir la siesta las 24 horas. Un pueblo donde sus calles a veces se aburren de no ser transitadas; un pueblo con una estación donde Serrat podría haberse inspirado para escribir “Penélope”, quien moriría más de una vez antes de ver pasar un tren por ese andén triste y solitario. Un pueblo que me dio la paz suficiente que buscaba para volver a Buenos Aires renovado y con el aire cambiado… el aire de la montaña…

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