31 de diciembre de 2009

Entre Amigos...

Generalmente los días tienen 24hs, y cualquiera me dirá “porque generalmente?”. Simplemente porque cuando uno viaja y los horarios entre países son diferentes, los días suelen acortarse o alargarse dependiendo el huso horario. De esta manera debido a las dos horas de diferencia entre Perú y Chile, mi primer día en el país trasandino tuvo 22hs. Entraba ya en la recta final del viaje, en la yapa, ya que Chile entro en los planes solo por una cuestión de escalas del vuelo de vuelta desde Lima, pero no por eso generaba menos expectativas.

Así sin dormir prácticamente nada en el avión, llegue a Santiago y con apenas una fotocopia de un mapa de la ciudad, salí a recorrer sus calles. Empezando por la Av. O’Higgins, pasando por la Casa de la Moneda (sede del Presidente), peatonales y mercados llegue a la plaza de armas. Una vez mas muy prolija, con grandes palmeras e históricos edificios a su alrededor. La Catedral, la central del correo, y el famoso museo de Bellas Artes son algunas de las construcciones erguidas en los alrededores de la plaza. A pocas cuadras atravesando el bonito Parque Forestal, se encuentra el Cerro San Cristóbal, desde el cual se tienen las mejores panorámicas de la ciudad. Subiendo por un funicular y dejando de lado el zoológico de Santiago, se llega a la cima del cerro donde uno de los principales símbolos de la ciudad, una estatua de la Virgen María parece darle su protección a la capital chilena. Desde aquí se puede apreciar la magnitud de Santiago, como así también el alto nivel de contaminación del aire que hay en toda gran ciudad. El smog sobre los edificios hace la visión bastante nublada y no nos impide ver el horizonte a lo lejos.SANTIAGO PANORAMICA

Baje del cerro y volví al hostel. Era la primera vez que sentía verdadero cansancio. El fervor del viaje me hizo olvidar casi todos los días de esta sensación y jamás sentí la necesidad de descansar como ese día en Santiago. Quizás el sentir que todos los grandes objetivos del viaje estaban cumplidos me hizo volver a la realidad y perder un poco la adrenalina del día a día. Todo el cansancio acumulado de 30 días viajando se desplomo en un sueño de casi 15hs ininterrumpidas que me llevaron, ya con las fuerzas renovadas, nuevamente a un micro con destino a Viña del Mar.

Viña es una ciudad costera por excelencia, así como Mar del Plata y Punta del Este sobre el Atlántico, Viña del Mar lo es sobre el Pacifico. Con mucha vida nocturna, playas, casinos, restaurantes, es la ciudad elegida para las vacaciones de cientos de chilenos y argentinos cercanos a la cordillera. Contrario a la mayoría, yo no me hospedaba en un cinco estrellas, pero mi hostel tenia algo que lo hacia especial y mejor que cualquiera; muy buena gente. Ahí conocí a Xime y Vivi, dos amigas de Santiago; Danny, un ingles que estaba dando la vuelta al mundo; Taylor, un americano con síntomas de escritor; Rachel, una canadiense que estudiaba en Buenos Aires, y Gaby y Damian, dos primos argentinos de vacaciones en Chile. Con ellos pasamos momentos muy buenos tanto en el hostel como afuera de el. Xime y Vivi nos llevaron en su camioneta a conocer la noche de Valparaíso y de Viña; intercambios de libros con Taylor y de anécdotas del mundo con Danny; y con Damian y Gaby hasta nos dimos el gusto de anotarnos en un campeonato de futbol de playa junto con dos heladeros que trabajaban por la costa. Por esa misma costa que una tarde me encontré a Elvis Jr. Este mítico personaje conocido por muchos chilenos y hasta famoso en youtube, es un indigente que anda por las calles con su carro, y con su batería improvisada con tachos ollas y algún que otro platillo, nos ofrece sus excéntricas versiones de Elvis a cambio de alguna que otra moneda.ENTRE AMIGOS

No se si Viña del Mar lo tiene todo o no. No se si tiene la mejor noche o las mejores playas, pero sin dudas tuvo la unión de un grupo de gente en un determinado momento y un determinado lugar que me hizo pasar unos días increíbles repletos de amistad viajera; esa amistad que solo se da en un hostel…


20 de diciembre de 2009

Atardecer Pacífico

Después de 26 días de viaje caracterizados por la aventura y la improvisación en terrenos de montaña y altiplano, llegaba el momento de bajar nuevamente al nivel del mar y tomarse un descanso en las costas del Océano Pacifico. Lima, una ciudad libertada por nuestro compatriota don José de San Martín, supo ser en el pasado el mayor puerto del continente sobre las costas occidentales; el Callao, y hoy es la quinta ciudad mas poblada de America Latina.

Debido a recomendaciones sobre la inseguridad en algunas zonas, algo que es normal en toda metrópoli y más aun en Sudamérica, me aloje en el barrio de Miraflores, a unas diez cuadras del mar, en una de las zonas más bonitas de la ciudad. Con sus calles prolijas y sus plazas cuidadas, sus edificios modernos y su costanera demarcada con palmeras, Miraflores es bella por donde se la mire. Este barrio bohemio, como así también sus vecinos Barranco, San Isidro y Chorrillos, se caracterizan por su vida nocturna, con muchos bares y restaurantes y por ser de alguna manera el centro de finanzas del país, con las centrales de los bancos más importantes del Perú. Para conocer un poco todo esto no tenía más que salir a la calle y recorrer las arterias de la ciudad totalmente a mi gusto.PLAZA DE ARMAS El primer día decidí ir al centro histórico. Así fue como tome un bus, muy similar a los de La Paz solo que estos tenían colores que los diferenciaban y en sus lados los nombres de las calles que este recorría. En poco mas de media hora y luego de caminar algunas cuadras desde donde me dejo el colectivo, llegue a la Plaza de Armas y una vez mas con un poco de vergüenza y porque no de envidia, vi como la prolijidad y el orden eran muy superiores al de mi país. Aquí el pasto es pasto, y no tierra debido a que todo el mundo le camina por encima; los bancos los usa la gente para descansar, leer, o charlar y no ex combatientes para armar sus carpas; no esta Castells en huelga de hambre tirado sobre colchones, ni hay vallados dividiendo la plaza quien sabe porque. Aquí se realiza el cambio de guardia en la casa de gobierno y todo el mundo con sus cámaras se acerca para ver el prolijo acto, cuando en Buenos Aires los granaderos deben esquivar el vallado que hace mas de cinco años divide la plaza en dos, para recién poder izar la albiceleste en el mástil de la plaza. Me da tanta pena que quien visite Argentina vea esto… seguramente piensen que estamos en guerra civil o algo por el estilo… pero nos creemos superiores, y es en estas pequeñas cosas donde se hace la diferencia y en nuestro caso siempre terminamos redondeando hacia abajo.

Al día siguiente preferí definitivamente tomar un descanso en las playas de Pacifico. Aunque el descanso no se si fuel tal… Las costas de Lima forman desde San Isidro, pasando por Miraflores, Barranco y hasta Chorrillos una especie de bahía de unos 15km de longitud. Según me habían dicho los propios limeños, mientras mas nos acercábamos al Chorrillos, las playas eran aun mejores, y así fue que caminando por la costa llegue casi a la punta de la bahía. El sol sobre mi cabeza estaba fuertísimo, y las ojotas casi se pegaban al asfalto caliente de las calles de la costanera. En una de las ultimas playas de Barranco decidí parar para refrescarme y descansar un poco en la arena, y así luego de algún que otro choclo con manteca comenzar a retornar hacia Miraflores.ATARDECER PACIFICOLlegando a la avenida Larco, sobre la cual estaba el hostel, había un centro comercial con cines, locales de venta y patios de comida. Pase algún tiempo recorriéndolo y cuando me disponía a volver ya para preparar mis cosas para ir al aeropuerto me di cuenta que nunca había visto un atardecer en el mar. Muchas veces había visto amanecer en las costas del Atlántico, pero nunca un atardecer. Así fue que desde la costa, sobre algunas rocas de un espigón, tome mi cámara y me dispuse a esperar por casi una hora como el sol se despedía de mí, y como yo me despedía del Perú. Un país que desde sus costas hasta sus montañas, con su enorme cultura y su riqueza arqueológica, y con la amabilidad de toda su gente me hicieron pasar unos días increíbles, repletos de anécdotas y enseñanzas que me acompañarán por siempre, como este atardecer pacifico, el cual quedara mucho tiempo en mi mente.


5 de diciembre de 2009

Recompensa Inca

Había llegado el día, era el momento en el cual la distancia entre el motivo principal del viaje y yo comenzaba a recortarse para en cuatro días desaparecer por completo y ubicarme en el corazón del Imperio Inca. Era inminente mi ascenso a Machu Picchu, aunque la caminata en las alturas de las tierras sagradas incas no serían de lo más simple, pero sin dudas le darían un sabor diferente al arribo a la ciudadela…

DIA 1 (12km – 5hs)

Luego de una pasada por Ollantaytambo el bus nos deposita en el Km. 82; punto de partida del Camino Inca. Un puente colgante nos cruza por sobre el Río Urubamba y hace de portal hacia la aventura que apenas estaba en sus primeras horas. El camino que poco a poco se adentra en la inmensa vegetación y la llovizna sobre nosotros hacen que la humedad sea excesiva. El fuerte estruendor del Urubamba, el cual no esta a nuestra vista, nos hace notar que nos acompaña desde cerca y el peso de la mochila sobre nuestras espaldas nos hacen recordar que no las olvidamos en Cusco.KM 82 El camino es increíble, rodeado de montañas, con muchísimos puentes y ruinas que quedan a nuestros lados. Por momentos la lluvia es incesante, grandes cantidades caen desde el cielo y hacen valer la compra de un poncho impermeable en Villazon, aunque el miedo a que se me moje la mochila y mas que nada la bolsa de dormir, no ceso hasta llegar a Wayllabamba (1er campamento), y constatar que todas mis cosas estaban intacta. No hubiese sido nada bueno aguantar toda la noche con la bolsa húmeda, y menos pensando que quedaban aun dos mas por delante. Así luego de cenar una riquísima trucha, cada uno a su carpa para pasar la primer noche dentro del corazón del imperio.

DIA 2 (12km – 7hs)

Que te despierten con un té en la cama suena lindo, pero si son las 5:30am, el té es de coca, la cama no es mas que una bolsa de dormir sobre un finísimo aislante adentro de una carpa y el que te alcanza la infusión no es justamente el mas agraciado del barrio, el despertar deja de ser tan ameno. Rápidamente cada uno debe vestirse, en mi caso con zapatillas mojadas, y remera húmeda, acomodar sus cosas y salir lo antes posible de la carpa para desayunar y comenzar la caminata.

Té, café o cacao, yogurt, cereales, granola, panqueques, tostadas… todo muy completo; nos estaban preparando para una mañana complicada. Un ascenso de 1200mts en apenas unos 9km en el cual sufriríamos hasta el último centímetro. El terreno imperfecto, escalones de piedras muy altos, y un calor insoportable hacían el camino tortuoso. Salimos de un bosque y luego de rodear un cerro vemos el final de la pendiente.SUBIENDOEl abra Warmiwañuscca a 4200 m.s.n.m. parecía inalcanzable. Ahí me di cuenta que es mejor no ver la meta sino hasta llegar a ella. La cabeza de uno inconcientemente quiere acortar tiempos, distancias, quiere estar ya mismo allí, sin embargo esto no hace mas que alejarnos de ella, que hacernos mas difícil el trayecto.

Creo que la última hora la utilice para subir no más de 200 escalones. Imagínense en sus casas, para subir de un piso a otro serán alrededor de 18, 20, cuanto creen que tardarían para subirla 10 o 12 veces? Una hora? Imposible… pero al fin llegue. 1200mts subiendo desde los 3000 m.s.n.m. de Wayllabamba. Desde allí solo quedaba el descenso, que por fácil que parecía maltrataba bastante mis rodillas que ya bastante mal andan…

Por suerte el arrancar la mañana tan temprano hizo que no lleguemos demasiado tarde y podamos descansar desde temprano, esta vez con el sonido de las gotas sobre la carpa, de una noche lluviosa que casi musicalmente me acompañarían hasta el siguiente día.

DIA 3 (16km – 9hs)

Ya no era tan malo el “té despertador”, hasta casi lo sentía necesario para arrancar el día. Otra vez 5:30am todos arriba, desayunar y ponernos en marcha, y aunque el tramo mas duro ya había pasado, nos esperaba el trayecto mas largo: 16km. Desde la noche anterior la lluvia nos seguía de cerca, aunque nos refrescaba del intenso calor del Enero Inca. El camino continuaba en subida, aunque luego de dos horas comenzaría a descender suavemente hasta llegar a Puyupatamarca, desde donde por primera vez identificamos la montaña Machu Picchu (montaña vieja) y por detrás vemos asomarse el pico de granito del Wayna Picchu (montaña joven). Oculto entre estos macizos montañosos estaba nuestro objetivo, la ciudadela inca de Machu Picchu. Parecía tan cerca, y sin embargo nos quedaba bastante por recorrer. Sobre la montaña Machu Picchu, Mario, uno de nuestros guías nos muestra una línea que la rodea. “Por allí estaremos en unas 3 horas”, era el mismo Camino Inca el cual rodea este macizo por una de sus laderas para introducirse en la ciudadela.UN MINUTO DE PAZEl camino comienza a bajar con pendientes mas pronunciadas y el paisaje poco a poco se torna increíble. La vegetación es abundante y como si de una selva se tratase, cuelgan lianas de las copas de los árboles más altos, los cuales tienen sus troncos cubiertos de una especie de verdín intenso que no nos deja ver su corteza marrón. Todo es verde, grandes plantas con hojas gigantescas, arbustos, pasto; hasta las piedras en el camino están impregnadas de moho verdoso bastante resbaladizo. Así luego de atravesar unas tres o cuatro ruinas de un tamaño considerable, llegamos a Wiñaywaina, nuestro ultimo refugio antes del gran día. El ultimo refugio que una vez mas con lluvia nocturna nos haría pasar una noche demasiado corta y de poco descanso.

DIA 4 (6km – 2hs)

La anterior era la ultima noche, y aprovechando que en el refugio vendían cervezas, no dejamos pasar la oportunidad de destapar algunas Cusqueñas y quedarnos charlando hasta tarde, no pensábamos que la mañana siguiente el “te despertador” llegaría dos horas antes de lo normal…

Exactamente a las 3:30am en una oscuridad absoluta y una lluvia un bastante intensa, la linterna y el poncho era lo único que me salvaría. Los porteadores, quienes cargan con las carpas, comida y además se encargan de cocinar y del arme y desarme de las tiendas, deben irse lo antes posible para alcanzar el tren que los devuelve a Ollantaytambo, por lo que mas de uno quedo con la carpa sobre su cabeza. En 5 minutos todo estaba desarmado, y quien no estaba listo, lamentablemente debería estarlo. Un desayuno rápido y comenzar a caminar, esta vez a oscuras, tanteando el hombro del de adelante y pisando mas charcos que tierra firme llegamos al ultimo puesto de control y luego de dos horas como por arte de magia; el Inti Punku. Desde allí aparecen las primeras imágenes de la ciudadela. Digamos que las nubes bajas y la lluvia nos dejaban ver poco, pero sabíamos que ahí estaba. Sabíamos que habíamos llegado.PLAZA CENTRALEn algunos minutos más ingresaríamos ya por fin a Machu Picchu, aunque no les voy a mentir… todos estaban muy contentos, pero yo no. El clima estaba horrendo, casi no veíamos nada, era todo nube y mi impotencia era infinita. Tanto sacrificio y sufrimiento parecía no tener sentido. Así, un tanto enojado deje al grupo, sin importarme que pasara con mi pasaje de tren de retorno -el que tenían los guías-, y me fui a subir al Wayna Picchu. Este macizo de granito parece casi imposible de ser abordado cuando lo observamos desde su base, pero luego de casi una hora, allí estaba, en la cima del Wayna, y fue justo en ese momento cuando el cielo se abrió por completo y el sol emergió entre las nubes para dejarme una visión perfecta de todo el entorno. Fue recién ahí cuando me sentí realizado. Sabía que todo esfuerzo debería recibir su gratificación, y valla si lo recibió.

La vista desde el Wayna era increíble; la ciudadela en forma de cóndor a nuestros pies parece tan diminuta, sin embargo su grandeza es imponente. Pareciera ser parte de la montaña misma desde sus primeras horas de concebida, como si hubiesen crecido juntas, la ciudad, y su entorno.

Baje del Wayna, crucé las ruinas y volví a subir al otro lado; el lado por el cual habíamos entrado en la mañana. Mi cuerpo decía basta, estaba agotadísimo, pero mi cabeza hizo que me olvidase de todo. Me queje del mal clima y el clima cambio, ahora debería hacerlo valer y no podía irme de ahí sin contemplar la ciudadela desde donde siempre la vi por fotos. Así fui el único del grupo que volvió al otro lado, por lo tanto el único con la foto de Machu Picchu con su custodio el Wayna a sus espaldas.MACHU PICCHUDe esta forma, ya lleno de tanta recompensa y tanto regocijo baje a Aguas Calientes, la población más cercana a las ruinas y casi sin importarme los días que quedaban por recorrer en mi viaje, regrese a Cusco sintiéndome completamente realizado…


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